21.9.17

Carta de despedida

Cada despedida es una puerta que se cierra, y una nueva que se abre. Pero como esta vez no estoy segura de querer decirte adiós -y porque voy a extrañarte- es que decido salir por la ventana. Una puerta que no se abre, es todavía una oportunidad.

Voy a extrañarte. Vas a estar en cada nota de jazz que suene como un telón en el escenario de mi vida.

Y en cada tarde que salga a entrenar: después de buscar la música, sabiendo que vos tenés la tuya (la que te regalé), cuando ajuste los cordones de mis zapatillas antes de comenzar a correr, voy a recordar la imagen de tus piernas sobre las mías debajo de la mesa de algún bar. Aún cuando levante la vista para iniciar el trote y no estés, tus pies van a andar al ritmo de los míos. Aún separados, vamos por un mismo camino, al costado y con solo voltear, podremos vernos.

Voy a encontrarte entre las páginas de los libros, de los míos y de los que fueron tuyos. De esos que ahora desde la biblioteca me miran deambular en pijamas durante las noches de insomnio. Y no te irás jamás, lo prometo, de las poesías que te encontrarán como un motivo para nacer.

Vas a estar en la actuación coral de los grillos en verano que debajo de una parra o de una noche estrellada, marcarán el ritmo del vino desde una copa saboreándose en mi paladar. En cada botella por descorchar se me irán las oportunidades de compartirlas con vos, pero en un complot perfecto de recuerdo e imaginación, vas a hablarme con esa mirada que siempre dijo más que tus palabras.

Y ahora cuando cierre los ojos, sentada sobre un puente o al lado del río, el retrato de nuestra última noche será la imagen preferida de la culpa justificándose, por lo que hicimos pero peor aún, por lo que dejamos de hacer.

Te voy a extrañar, aún cuando sé que volveremos a hallarnos en algún pasaje de la vida… la vida que no se termina hasta que el último suspiro le gana al deseo. Y yo deseo seguir viva para encontrarte de nuevo, para reinventarnos. Mientras tanto, voy a extrañarte.

Cuidate por vos, por mí.
Buen viaje. Y muchos besos.
Sabri.

30.6.17

desmoronamiento

Se descascaran las heridas con el tiempo
y la costra es apenas un recuerdo
Lo más duro de la caída fue el aprendizaje
O el siguiente golpe en la cicatriz
Duelen las lágrimas que saben a añejo
que simbolizan la moraleja trunca
Volverán a levantarse los pies cansados
Dando pasos poco agigantados
Y repasando lecciones un tanto brutas