6.1.12

mail

Hola. Acá estoy, ¿cuánto tiempo ha pasado? Pero aún así creo que seguimos siendo los mismos, te escribo cada Navidad y espero que me respondas como lo hacés. Y cada final de año, una semana después de mi contacto y cuando quizás vos deberías llamarme, no lo hacés. No te preocupes, sé como sos y aprendí a aceptarte así. Yo también tengo mis cosas.
Este es nuestro mes aniversario, de aquella primera vez en la que nos conocimos. Simplemente llegaste, te asomaste por la ventana con un casco de obrero en la cabeza, pero te olvidaste de proteger tu corazón… aún cuando creo que no hubiese existido seguridad que resista a lo que pasó después. Te enamoraste de mí. Yo de vos, claro.
¿Cuánto tiempo fue? El suficiente para que un día nos diéramos cuenta de que nos amábamos. He vivido muchos encuentros después, pero nunca uno tan maravilloso como nuestro desencuentro. Casi con el carácter de un artista, sos el autor de uno de los pasajes más hermosos de la historia que me compone.
Te escribo para contarte algo lindo, creo que nos faltaron alegrías por compartir y quizás sea el momento de recuperarlas. Estoy embarazada. Es tan breve la frase, tan inmenso el silencio que le sigue y tan tácita cualquier palabra que se exprese luego de tal noticia, que no espero (una vez más) ninguna respuesta tuya.
Toda la tarde, desde que el análisis dio positivo, he pensado en vos. Soy, indudablemente, la mujer más feliz del mundo en estos momentos. Y tanta alegría me dejó de cara frente a algunos recuerdos, sólo venimos al mundo a llevarnos, justamente, los recuerdos de los afectos que encontramos en los años que acá estamos. Vos sos una de mis memorias más bonitas.
Tengo que dejarte, mi marido va a llegar en cualquier momento. No es que no sepa de vos ni que le oculte cosas, pero prefiero que no crea lo que no es. Porque sabemos los dos que el amor se nos agotó hace mucho, sólo nos quedó el afecto de dos personas que supieron amarse. Y también sabemos que estamos en alguna parte cuando necesitemos uno del otro. Hoy necesitaba compartir mi felicidad con vos.
Ya sabés cómo son nuestros finales…sólo suceden. Pero esta vez te mandamos un beso, mi bebé y yo. Cuidate.

4.1.12

reglas

Tal vez en la excepeción somos nosotros mismos por definición*.

Nota del editor: en una sociedad supuestamente civilizada, vivimos con y de reglas. La regla del matrimonio, la de la carrera o el trabajo, la regla de la cordura y las buenas costumbres, probablemente la regla de la libertad también. Todas reglas. Quizás sólo en la excepción somos genuinamente nosotros.