“El corazón es un montón de fibras musculares estriadas. Que el corazón sea eso, significa que es un órgano involuntario, no obedece a la mente. Así el raciocinio se debate en lucha permanente contra las dimensiones de esta gran bomba automática impelente que es el corazón.
Si concientemente he inducido a mi inconciencia a actuar de tal o cual manera, y me quedo en esta inconciencia para no reconocer la verdadera magnitud de los hechos, mi cerebro de confunde, ¿es conciencia o inconciencia? ¿Qué transmitirle al corazón, culpa u olvido? […]
Hace unos años atrás, razonando junto a Hobbes sobre la perversidad mundana, fui alejándome de Rousseau, de teorías del consenso, del alma humana y la vida eterna. Un café con Hobbes en un bar de la ciudad fue mi despedida de la niñez y el primer paso para empezar a crecer. Juro y certifico que preferiría la maldad infantil que la realidad adulta, porque antes los hechos que se amparaban en el inconsciente ahora no los puedo defender racionalmente con la conciencia. Así lo hubiera preferido. Así como no fue y jamás será.”
24.4.09
20.4.09
24.3.09
a dónde?
A dónde está el cobarde que no reveló su identidad?
Quién dijo que el amor no se muere? O acaso si muere no es amor?
Y si esto que no desaparece entonces, es amor. ¿cómo lo mato?
Quién dijo que el amor no se muere? O acaso si muere no es amor?
Y si esto que no desaparece entonces, es amor. ¿cómo lo mato?
20.1.09
despedidas no
no existen despedidas entre los amantes, amor legal o ilegal.
porque la pasión y el amor son semillas que se entierran en el cuerpo,
la pasión se despierta, el amor se siente, son energías inquietas,
pero dependerá del cuidado que reciban, su crecimiento y existencia
Son sensaciones que se construyen...el oficio de albañilería
entonces nacen, la pasión y el amor, como el amanecer ineludible...
¿y la noche? la noche se mantiene activa si hay fuego que la ilumine.
la frecuencia es el arma de los amantes, la permanencia su estrategia.
no creo en las despedidas, son simulacros que elevan el sentimiento.
pueden contarse en almanaques que serán más de 365.
no creo porque no las conozcos, intenté despedirme como amantes tuve
y prefiero, ahora que lo pienso, que lleguen sin darnos cuenta,
para no sufrir demasiado, para que la despedida sea una pausa,
versa el dicho que donde hubo fuego cenizas quedan, el juego queda abierto
no quiero despedirme más, y quiero encontrar al hombre que se quede acá,
que tampoco quiera despedirse, y sé que está en algún lugar.
porque la pasión y el amor son semillas que se entierran en el cuerpo,
la pasión se despierta, el amor se siente, son energías inquietas,
pero dependerá del cuidado que reciban, su crecimiento y existencia
Son sensaciones que se construyen...el oficio de albañilería
entonces nacen, la pasión y el amor, como el amanecer ineludible...
¿y la noche? la noche se mantiene activa si hay fuego que la ilumine.
la frecuencia es el arma de los amantes, la permanencia su estrategia.
no creo en las despedidas, son simulacros que elevan el sentimiento.
pueden contarse en almanaques que serán más de 365.
no creo porque no las conozcos, intenté despedirme como amantes tuve
y prefiero, ahora que lo pienso, que lleguen sin darnos cuenta,
para no sufrir demasiado, para que la despedida sea una pausa,
versa el dicho que donde hubo fuego cenizas quedan, el juego queda abierto
no quiero despedirme más, y quiero encontrar al hombre que se quede acá,
que tampoco quiera despedirse, y sé que está en algún lugar.
19.1.09
agonizo
agonizo, y si conociera el sufrimiento previo a la muerte,
y si tuviera la certeza de que ese es el momento de mayor dolor,
ese en el que la vida se despide con sudor, sin que podamos saber,
al final de cuentas, si el dolor es para evitar que nos vayamos
o si, por el contrario, es el último golpe de un boxeador...
agonizo, y si conociera, y si tuviera la certeza,
juraría que agonizo tanto como antes de morir.
y hasta preferiría morir a cambio de un cigarrillo
de esa bocanada de aire que contamina adentro, lo orgánico
(pulmones, intestinos...todo...células y sangre)
de ese sabor a nicotina, que contamina, pero limpia el alma,
tranquiliza y concede la sensación que no tenemos por nosotros mismos
porque la paz interior se perdió en medio de un sismo.
y si tuviera la certeza de que ese es el momento de mayor dolor,
ese en el que la vida se despide con sudor, sin que podamos saber,
al final de cuentas, si el dolor es para evitar que nos vayamos
o si, por el contrario, es el último golpe de un boxeador...
agonizo, y si conociera, y si tuviera la certeza,
juraría que agonizo tanto como antes de morir.
y hasta preferiría morir a cambio de un cigarrillo
de esa bocanada de aire que contamina adentro, lo orgánico
(pulmones, intestinos...todo...células y sangre)
de ese sabor a nicotina, que contamina, pero limpia el alma,
tranquiliza y concede la sensación que no tenemos por nosotros mismos
porque la paz interior se perdió en medio de un sismo.
16.1.09
29.12.08
lo sé, ya está
Yo estaba esperándola para ir a tomar una cerveza como todos los viernes a la tarde, sentada en las escaleras del edificio de enfrente, encontrándole una marca nueva, un detalle más, algo que mirar al pintoresco frente de la casona antigua que aloja lamentos y bondades de los que entran a diario a esos consultorios.
La misma rutina de todos los viernes: salimos de la oficina, pasamos por el psiquiatra. Ella entra una hora. Yo me quedo afuera, una hora también. Y ahí estaba cuando la vi salir. Como todos los viernes la vi salir. Me miró. Como todos los viernes me miró. Yo no me levanté, esta vez me quedé mirándola y no me levanté. No fue como todos los viernes.
Tantos años recorriendo el mismo circuito hasta que ese viernes pasó. Tantos años escuchándola narrar sus acrobacias psicológicas en esa sala de ensayo que era el consultorio. Tantos años creyendo que un día saldría y me miraría para decirme “lo sé, ya está”.
Imagino que fue duro, la última palabra seguramente ocasionó una fisura en su existencia. Imagino que caminará hasta donde la confusión se lo permita, se sentará, encenderá un cigarrillo con las piernas colgando de un banco, pisando el cielo. Y con la primera bocanada de nicotina decidirá dejar de fumar. ¡Es que ha creído durante tanto tiempo una mentira que ella misma se hizo!. Creyó su propio invento. Narró su propia ficción.
Ella sigue en la vereda de enfrente, sujetando con su mano derecha la cartera y con la izquierda preparando un golpe de boxeador. Yo la miro desde la otra vereda, sentada en las escaleras del edificio. No voy a pararme esta vez, no porque no quiera, sino porque ella dejó adentro la necesidad de llevarme consigo a todos lados. “Lo sé, ya está”, puedo imaginarme que dice. “Llamame cuando quieras, soy una extensión tuya”, pienso. Da media vuelta y empieza a caminar.
La misma rutina de todos los viernes: salimos de la oficina, pasamos por el psiquiatra. Ella entra una hora. Yo me quedo afuera, una hora también. Y ahí estaba cuando la vi salir. Como todos los viernes la vi salir. Me miró. Como todos los viernes me miró. Yo no me levanté, esta vez me quedé mirándola y no me levanté. No fue como todos los viernes.
Tantos años recorriendo el mismo circuito hasta que ese viernes pasó. Tantos años escuchándola narrar sus acrobacias psicológicas en esa sala de ensayo que era el consultorio. Tantos años creyendo que un día saldría y me miraría para decirme “lo sé, ya está”.
Imagino que fue duro, la última palabra seguramente ocasionó una fisura en su existencia. Imagino que caminará hasta donde la confusión se lo permita, se sentará, encenderá un cigarrillo con las piernas colgando de un banco, pisando el cielo. Y con la primera bocanada de nicotina decidirá dejar de fumar. ¡Es que ha creído durante tanto tiempo una mentira que ella misma se hizo!. Creyó su propio invento. Narró su propia ficción.
Ella sigue en la vereda de enfrente, sujetando con su mano derecha la cartera y con la izquierda preparando un golpe de boxeador. Yo la miro desde la otra vereda, sentada en las escaleras del edificio. No voy a pararme esta vez, no porque no quiera, sino porque ella dejó adentro la necesidad de llevarme consigo a todos lados. “Lo sé, ya está”, puedo imaginarme que dice. “Llamame cuando quieras, soy una extensión tuya”, pienso. Da media vuelta y empieza a caminar.
27.12.08
18.11.08
¿espanta?
Parezco un espanta-pájaros mal hecho.
Acá están todos, encima mío.
Y acá estoy yo, sin dirección.
Parada en este lugarcito de siempre.
Recibo la visita diaria de todos ellos.
Y yo, ¿por qué no se alejan?
El que me vea y vuele, será el que se quede.
Acá están todos, encima mío.
Y acá estoy yo, sin dirección.
Parada en este lugarcito de siempre.
Recibo la visita diaria de todos ellos.
Y yo, ¿por qué no se alejan?
El que me vea y vuele, será el que se quede.
Tania
Tania mira por la ventana cuando él le dice que desde ahí puede verse su oficina. Puerto Madero está atestado de gente, ella sentada en ese restaurante, entre la gente, mientras él le dice que puede comprar océanos o hasta galaxias. Es lunes, y Tania está cenando con un millonario.
El miércoles la encuentra un poco más coherente, ¿cuándo le interesó esa clase de hombres? Sentada en la butaca de un teatro en la calle Corrientes, mira de reojo a este nuevo candidato. Es amable. Es atractivo. Llega a casa de noche. Pasa directo a la heladera, hay una banana en un plato, la mira y cierra la puerta. A la cama.
El día siguiente amanece como todos los días. Cuando Tania se agacha a prenderse la hebilla de las sandalias, piensa en él. Ese es el momento del día en que más piensa en él. Se llega hasta el espejo y preguntándose en silencio qué le ven a ella los hombres, dice en voz baja, “Jazmín, debería haberme llamado Jazmín”. Pero es Tania, portadora de una belleza natural sin nombre.
Fin de semana. Viernes y sábado un nuevo candidato, Tania cotiza en bolsa. Amanece el domingo entre sábanas de cama doble rodeada por brazos que desconoce. Otra semana está por comenzar.
Llega a casa. Como todas las noches abre la heladera, hay una banana en un plato. Piensa que no hay un hombre, de todos, al que ella pueda amar tanto. Tania piensa que ha perdido la sensibilidad. Eso es, no siente nada cuando los tiene al frente. Toma la banana y se la lleva con ella. Se sienta en el sillón rojo de tres cuerpos, “matar al enemigo, comérselo”, piensa. ¿Puede algo tan insignificante haber matado al amor de su vida? Y Tania sabe que por más que se coma esa banana, mañana al abrocharse la hebilla pensará en Agustín. Ese iba a ser su nombre, hasta que un día, caminando por la calle resbaló con una cáscara de banana y Agustín, ese hombre que ya amaba más que a nadie en el mundo y que crecía en su interior, murió.
El miércoles la encuentra un poco más coherente, ¿cuándo le interesó esa clase de hombres? Sentada en la butaca de un teatro en la calle Corrientes, mira de reojo a este nuevo candidato. Es amable. Es atractivo. Llega a casa de noche. Pasa directo a la heladera, hay una banana en un plato, la mira y cierra la puerta. A la cama.
El día siguiente amanece como todos los días. Cuando Tania se agacha a prenderse la hebilla de las sandalias, piensa en él. Ese es el momento del día en que más piensa en él. Se llega hasta el espejo y preguntándose en silencio qué le ven a ella los hombres, dice en voz baja, “Jazmín, debería haberme llamado Jazmín”. Pero es Tania, portadora de una belleza natural sin nombre.
Fin de semana. Viernes y sábado un nuevo candidato, Tania cotiza en bolsa. Amanece el domingo entre sábanas de cama doble rodeada por brazos que desconoce. Otra semana está por comenzar.
Llega a casa. Como todas las noches abre la heladera, hay una banana en un plato. Piensa que no hay un hombre, de todos, al que ella pueda amar tanto. Tania piensa que ha perdido la sensibilidad. Eso es, no siente nada cuando los tiene al frente. Toma la banana y se la lleva con ella. Se sienta en el sillón rojo de tres cuerpos, “matar al enemigo, comérselo”, piensa. ¿Puede algo tan insignificante haber matado al amor de su vida? Y Tania sabe que por más que se coma esa banana, mañana al abrocharse la hebilla pensará en Agustín. Ese iba a ser su nombre, hasta que un día, caminando por la calle resbaló con una cáscara de banana y Agustín, ese hombre que ya amaba más que a nadie en el mundo y que crecía en su interior, murió.
15.11.08
izquierda o derecha
El colectivo me dejó en esta esquina,
tengo trenzas y mis pantalones están gastados.
El sol cae en línea recta sobre mi cabeza,
es mediodía pero parece medianoche
Estoy parada acá en la esquina y no sé qué lado
Izquierda o derecha.
tengo trenzas y mis pantalones están gastados.
El sol cae en línea recta sobre mi cabeza,
es mediodía pero parece medianoche
Estoy parada acá en la esquina y no sé qué lado
Izquierda o derecha.
29.10.08
bocina
quiero dormir, quiero no levantarme
tomar una copa con amigos
y volarme la cabeza que da vuelta
que alguien en un auto tire el freno de mano
que me frene cerca, al lado
que me despierte de este caos en el que cai con vos
tomar una copa con amigos
y volarme la cabeza que da vuelta
que alguien en un auto tire el freno de mano
que me frene cerca, al lado
que me despierte de este caos en el que cai con vos
28.9.08
...
Parte I
La relación en quiebra
Algo se rompió. Ella está sentada en el banco de una plaza y pareciera que está en la sala de un hospital, internada en una cama buscando recuperar su salud. Y la relación que se descascara es un amor mágico. El dolor es como el de las rodillas peladas después de una caída en bicicleta. La sensación es el afecto a una vieja prenda de vestir que ya no puede ser usada; está desteñida, sucia, percudida...pero la carga emotiva es tremenda. Es amor en definitva.
Parte II
Sala terapeútica. El psicólogo
Frente a esta situación tenés que usar la práctica de mente de principiante. Ante cada conflicto, actuar como si fuese nuevo, resolverlo sin la carga emotiva y psíquica de la experiencia. Otra opción es ponerte frente a la situación en 3ª persona. Entonces hablarte como si estuvieras dándole un consejo a una amiga. Mirar desde afuera la situación, testigo y no protagonista, y opinar. ¿Acaso él, su psicólogo, práctica eso con su mujer?
Parte III
Los "opinólogos"
¿Qué saben los que opinan? Los que hablan sobre esta relación, la mía y la de él, la nuestra, no saben nada o saben poco. Porque no están ahí cuando él canta con su guitarra terapéutica; no saben de sus mimos excesivos; poco conocen de sus locuras mágicas, de su humor optimista, de la química de nuestros cuerpos, de sus actividades culinarias, de sus abrazos en cucharita...abrazos interactivos. Hoy el amor se nos ha vuelto dificultoso, yo insoportable, él adulto. ¿Cómo matarlo?
Parte IV
La única verdad.
Te amo. Siempre te he amado. Probablemente te siga amando.
La relación en quiebra
Algo se rompió. Ella está sentada en el banco de una plaza y pareciera que está en la sala de un hospital, internada en una cama buscando recuperar su salud. Y la relación que se descascara es un amor mágico. El dolor es como el de las rodillas peladas después de una caída en bicicleta. La sensación es el afecto a una vieja prenda de vestir que ya no puede ser usada; está desteñida, sucia, percudida...pero la carga emotiva es tremenda. Es amor en definitva.
Parte II
Sala terapeútica. El psicólogo
Frente a esta situación tenés que usar la práctica de mente de principiante. Ante cada conflicto, actuar como si fuese nuevo, resolverlo sin la carga emotiva y psíquica de la experiencia. Otra opción es ponerte frente a la situación en 3ª persona. Entonces hablarte como si estuvieras dándole un consejo a una amiga. Mirar desde afuera la situación, testigo y no protagonista, y opinar. ¿Acaso él, su psicólogo, práctica eso con su mujer?
Parte III
Los "opinólogos"
¿Qué saben los que opinan? Los que hablan sobre esta relación, la mía y la de él, la nuestra, no saben nada o saben poco. Porque no están ahí cuando él canta con su guitarra terapéutica; no saben de sus mimos excesivos; poco conocen de sus locuras mágicas, de su humor optimista, de la química de nuestros cuerpos, de sus actividades culinarias, de sus abrazos en cucharita...abrazos interactivos. Hoy el amor se nos ha vuelto dificultoso, yo insoportable, él adulto. ¿Cómo matarlo?
Parte IV
La única verdad.
Te amo. Siempre te he amado. Probablemente te siga amando.
27.9.08
50% off
Ya no juego a las escondidas con las sombras
El principio azul del amor se ahogó en un estanque
Y ahora me baño con una lluvia a las 6 a.m. de un jueves
Voy a ir a dar un paseo por la verdulería de la esquina
Regocijarme con el olor a melón y saborear una sandía
Voy a llenar la bañadera y usar una esponja exfoliante
Raspar la piel, limpiarla y jugar con burbujas
Abrir un envase de acetona y desteñir mis uñas
Pintarme de colores después, y ofrecerme en blanco y negro
Entonces el que me compre, no tendrá reclamos, sin exigencias
Seré una niña amarga que disfruta sola, para que quien me lleve
No pague el precio de las expectativas, me cansé de cumplirlas
Ahora estoy de oferta, no cotizo en el mercado del libre albedrío
El principio azul del amor se ahogó en un estanque
Y ahora me baño con una lluvia a las 6 a.m. de un jueves
Voy a ir a dar un paseo por la verdulería de la esquina
Regocijarme con el olor a melón y saborear una sandía
Voy a llenar la bañadera y usar una esponja exfoliante
Raspar la piel, limpiarla y jugar con burbujas
Abrir un envase de acetona y desteñir mis uñas
Pintarme de colores después, y ofrecerme en blanco y negro
Entonces el que me compre, no tendrá reclamos, sin exigencias
Seré una niña amarga que disfruta sola, para que quien me lleve
No pague el precio de las expectativas, me cansé de cumplirlas
Ahora estoy de oferta, no cotizo en el mercado del libre albedrío
19.9.08
epílogo
Carta a vos
No sé todavía si puedo creer, entender, asimilar lo que anoche pasó. Siempre he creído en las causalidades, en las razones que justifican los hechos. Pero esta vez y sin dudarlo, puedo afirmar que nos enamoramos por casualidad.
Mi memoria es volátil. Solía ser fotográfica, metódica, ordenada. Guardaba todo, pero se volvió volátil. Sin embargo recuerdo cada cosa y cosita de ese fin de semana que nos encontramos por primera vez. […] Recuerdo que después que te fuiste te llamé por teléfono para que me dijeras que era mentira, que lo de esa noche no había existido. Sí, fue real. Ya lo sé.
Escribo porque el día avanza y no entiendo todavía cómo fue que anoche no nos besamos, no nos tocamos. Entonces hoy volvería a preguntarte, ¿anoche existió? […] Cada uno de nuestros encuentros estaba signado por el deseo y la pasión. Sí, es verdad, fuimos más que dos cuerpos. Lo nuestro fue una relación de verdad y, como tal, hubo todo lo otro que alimenta el afecto, la paciencia, el respeto y la necesidad. Pero tuvimos dos problemas que no supimos resolver. Uno, nunca nos entendimos o nos entendimos mal. Dos, fuimos a destiempo. […] Fui enteramente feliz a tu lado y confío en que vos también. Te amé. Y mucho. […] Anoche me quedaba prendida a vos, ahí a donde tantas veces me hubiese quedado. No alcanzaría una medida cuántica para calcular el amor que sentí por vos […] Y las cosas se dieron de esta manera, entonces puedo decirte que he sufrido en esta relación lo que no había sufrido antes. Pero como esa no es la vida que proyecto para mí, la del dolor, decidí dejar que el amor se fuera sin mí. Entonces lo vi tirarse desde la terraza de un piso 12 antes que pasaras a buscarme anoche. Lo vi suicidarse, cobarde o resignado pero valiente por dejarme seguir viviendo a mi. […] Y le agradezco a este amor haberme hecho tan mujer, tan grande. Incluso con su muerte reivindicó mi existencia. […] Millones de cosas nos quedaron por hacer, millones de palabras por decirnos. Hoy no sé cuál de los dos está más perdido, más dolido, más necesitado de la química del otro. Si alguna vez la vida vuelve a juntarnos, mi amor, evitemos por favor repetir ese patrón que nos dejó parados en el medio de la ruta, tremendamente vulnerables.
Julia.
No sé todavía si puedo creer, entender, asimilar lo que anoche pasó. Siempre he creído en las causalidades, en las razones que justifican los hechos. Pero esta vez y sin dudarlo, puedo afirmar que nos enamoramos por casualidad.
Mi memoria es volátil. Solía ser fotográfica, metódica, ordenada. Guardaba todo, pero se volvió volátil. Sin embargo recuerdo cada cosa y cosita de ese fin de semana que nos encontramos por primera vez. […] Recuerdo que después que te fuiste te llamé por teléfono para que me dijeras que era mentira, que lo de esa noche no había existido. Sí, fue real. Ya lo sé.
Escribo porque el día avanza y no entiendo todavía cómo fue que anoche no nos besamos, no nos tocamos. Entonces hoy volvería a preguntarte, ¿anoche existió? […] Cada uno de nuestros encuentros estaba signado por el deseo y la pasión. Sí, es verdad, fuimos más que dos cuerpos. Lo nuestro fue una relación de verdad y, como tal, hubo todo lo otro que alimenta el afecto, la paciencia, el respeto y la necesidad. Pero tuvimos dos problemas que no supimos resolver. Uno, nunca nos entendimos o nos entendimos mal. Dos, fuimos a destiempo. […] Fui enteramente feliz a tu lado y confío en que vos también. Te amé. Y mucho. […] Anoche me quedaba prendida a vos, ahí a donde tantas veces me hubiese quedado. No alcanzaría una medida cuántica para calcular el amor que sentí por vos […] Y las cosas se dieron de esta manera, entonces puedo decirte que he sufrido en esta relación lo que no había sufrido antes. Pero como esa no es la vida que proyecto para mí, la del dolor, decidí dejar que el amor se fuera sin mí. Entonces lo vi tirarse desde la terraza de un piso 12 antes que pasaras a buscarme anoche. Lo vi suicidarse, cobarde o resignado pero valiente por dejarme seguir viviendo a mi. […] Y le agradezco a este amor haberme hecho tan mujer, tan grande. Incluso con su muerte reivindicó mi existencia. […] Millones de cosas nos quedaron por hacer, millones de palabras por decirnos. Hoy no sé cuál de los dos está más perdido, más dolido, más necesitado de la química del otro. Si alguna vez la vida vuelve a juntarnos, mi amor, evitemos por favor repetir ese patrón que nos dejó parados en el medio de la ruta, tremendamente vulnerables.
Julia.
24.8.08
tic tac
Y ahora que no espero, nunca voy a saber si volviste
Porque cuando vengas a golpear la puerta
Nadie va a atender, no voy a estar para abrirte.
Porque cuando vengas a golpear la puerta
Nadie va a atender, no voy a estar para abrirte.
21.8.08
entropias
Antes de vos la vida estaba ordenada
Después solamente quedó entropía
La punta de la madeja está perdida
No hicimos nada bueno con este amor
Apenas unos gràficos de ascensos y humor
Tu cuerpo pesado sobre el mío, tus besos
Mi olor que te enloquecía ahora sólo conmigo
Te busco entre los hombres, en las esquinas
Volver a verte, ¿cómo te encuentro?
¿Se puede vivir de buenos recuerdos?
Después solamente quedó entropía
La punta de la madeja está perdida
No hicimos nada bueno con este amor
Apenas unos gràficos de ascensos y humor
Tu cuerpo pesado sobre el mío, tus besos
Mi olor que te enloquecía ahora sólo conmigo
Te busco entre los hombres, en las esquinas
Volver a verte, ¿cómo te encuentro?
¿Se puede vivir de buenos recuerdos?
19.8.08
retratos

Luisa tiene mil noches y un sueño
Vivir conmigo lejos de este infierno
Las noches son largas, fiestas en pijamas
Pastillas de modorra, castigos de cama
Luisa, Luisa no quiere más
Luisa quiere un lugar neutro
Necesita un tiempo para sus misterios
Luisa ya no quiere estar aquí a mi lado
Quiere estar allí, saltar por todos lados
Luisa, Luisa no quiere más
7.8.08
Sin título (diario íntimo)
Deberías estar acá conmigo esta noche, y no hay manera de que eso pase. No vas a estar, eso es lo malo de los ángeles, que a veces los necesitás mucho y no aparecen. Vienen a darte mensajes, ahí están paraditos al frente tuyo para decirte lo que vos, de otra forma, no querés escuchar, no podés ver, no podés sentir. Pero a veces necesitás comunicarte vos, pero los ángeles no siempre vienen, sobre todo si hacés fuerzas para que aparezcan porque tenés la tremenda necesidad de verlos, de sentirlos. ¿A dónde estás que no venís?
Te conocí un día sin intención, claro, los ángeles aparecen cuando no estás esperándolos. Un día que no tiene fecha. Y hoy que tengo toda la intención de volver a verte, no vas a venir. ¿Qué hice hoy? Además de necesitarte, traté de buscarte en las cosas, en la sección mental que almacena recuerdos. Entonces me compré un mantecol, como una vez vos lo hiciste; fumé menos porque a vos no te gusta que lo haga, decís que es malo, que es tóxico; miré una película de cine alternativo, donde se veía todo este tema de la felicidad y de que la vida es bonita a pesar de lo amarga que es en realidad, eso que me decís siempre; hice señales de humo, meditación y prácticas exóticas tratando de llamarte con el pensamiento, a ver si se te ocurría venir; reproduje el día que me presentaste a tu aprendiz, ése seguramente será un buen ángel también, tan chiquitito, tan bonito, tu aprendiz, tu hijo; traté de recordar una por una tus frases, esas que recitabas de la nada, que rompían silencios. ¿Se puede vivir de buenos recuerdos? Aparecé por favor, si no es en esta noche, en algún momento.
Sos un ángel particular, especial, un “versero” cualquiera, pero me hiciste mucho bien. Eran tus señales, tus apariciones, tu humor feliz, tus consejos, tu energía. Decías que no te arrepentías de nada pero sé que a veces lo hacés, aunque imagino que cualquier arrepentimiento pierde relevancia cuando mirás a los ojos a tu aprendiz. Yo decía que no me arrepentía de algunas cosas, mentira, esta noche me arrepiento de varias.
Camino por los pasillos del suicidio esta noche, ¿por qué no venís a salvarme como esa tarde de viernes? Te necesito ángel. No sé cómo explicarte, es angustia tristeza desazón desesperación ahogo, eso es, agonías mortales. Y no tengo más que escribir en este diario íntimo sobre mi necesidad y tu condición de ángel. ¿Quién hubiese dicho que ibas a encontrarme? ¿Apareciste vos? ¿Nos encontramos? ¿Viniste a buscarme? De ahora en más vas a ser mi único ángel, me salvaste de una agonía y vas a salvarme de muchas más porque aunque no vengas más, te quedaste conmigo.
Te conocí un día sin intención, claro, los ángeles aparecen cuando no estás esperándolos. Un día que no tiene fecha. Y hoy que tengo toda la intención de volver a verte, no vas a venir. ¿Qué hice hoy? Además de necesitarte, traté de buscarte en las cosas, en la sección mental que almacena recuerdos. Entonces me compré un mantecol, como una vez vos lo hiciste; fumé menos porque a vos no te gusta que lo haga, decís que es malo, que es tóxico; miré una película de cine alternativo, donde se veía todo este tema de la felicidad y de que la vida es bonita a pesar de lo amarga que es en realidad, eso que me decís siempre; hice señales de humo, meditación y prácticas exóticas tratando de llamarte con el pensamiento, a ver si se te ocurría venir; reproduje el día que me presentaste a tu aprendiz, ése seguramente será un buen ángel también, tan chiquitito, tan bonito, tu aprendiz, tu hijo; traté de recordar una por una tus frases, esas que recitabas de la nada, que rompían silencios. ¿Se puede vivir de buenos recuerdos? Aparecé por favor, si no es en esta noche, en algún momento.
Sos un ángel particular, especial, un “versero” cualquiera, pero me hiciste mucho bien. Eran tus señales, tus apariciones, tu humor feliz, tus consejos, tu energía. Decías que no te arrepentías de nada pero sé que a veces lo hacés, aunque imagino que cualquier arrepentimiento pierde relevancia cuando mirás a los ojos a tu aprendiz. Yo decía que no me arrepentía de algunas cosas, mentira, esta noche me arrepiento de varias.
Camino por los pasillos del suicidio esta noche, ¿por qué no venís a salvarme como esa tarde de viernes? Te necesito ángel. No sé cómo explicarte, es angustia tristeza desazón desesperación ahogo, eso es, agonías mortales. Y no tengo más que escribir en este diario íntimo sobre mi necesidad y tu condición de ángel. ¿Quién hubiese dicho que ibas a encontrarme? ¿Apareciste vos? ¿Nos encontramos? ¿Viniste a buscarme? De ahora en más vas a ser mi único ángel, me salvaste de una agonía y vas a salvarme de muchas más porque aunque no vengas más, te quedaste conmigo.
3.8.08
ella y el ángel
Ella estaba en un callejón. Despertó una mañana, en posición fetal, abrazada por un hombre, “no quiero ser más tu amante”, le dice. Abrió los ojos. No era su amante, era su pareja. “Haceme cucharita”, le decía el otro y si era a ella a la que abrazaban y no ella la que abrazaba, ¿cómo no iba a darse cuenta que no era su amante con el que dormía sino su pareja?
Ella ahora viene de un callejón. Hace unos pocos días se separó, se acostó con su amante una vez más y decidió subirse a un tren sin dirección. Los vagones son a blanco y negro, los pasajeros sombras y el cielo sepia. Postal de un callejón. Resultados de un callejón.
Ella se sienta. El ángel con ella, su ángel se sienta a su lado. Era un viernes a las cuatro y media de la tarde, parecía un lunes a la madrugada. Él simplemente comienza a hablar. Parece un ángel, lo es: su cuerpo, su piel, el color de sus ojos, la mirada. Ella solamente lo escucha, apenas si puede contener las lágrimas. A ella todo le duele, está triste, ahora los médicos le llaman depresión. Bajan en algún lugar, donde los deja el tren. La invita a tomar un café, se sientan en un bar y él es real. Tiene un hijo, un matrimonio en quiebra y la vida al revés. Se quedan en el mismo lugar, donde los dejó el tren. Ahí estarán por un tiempo.
Él pasa a buscarla, y los días pasan también. La recoge en una esquina, evitan denuncias, evitan dejar rastros. Solamente son dos almas buscando afecto. Ella sube al auto y él lo estaciona en la cochera de una habitación. Alquiler de camas. Son dos cuerpos buscando placer. Ella no sabe que con un ángel también puede hacerse el amor. Él es real.
Hay un ángel y ahora ella entiende que las relaciones duelen menos cuando se las piensa poco; que la felicidad es un estado interno de serenidad que se alcanza cuando se conoce el rumbo, que el rumbo no es el camino, que el rumbo es el horizonte que se aleja; que las cosas tienen un sentido y que duran mientas lo tengan; que la música es para dar concierto; que por hijo todo justifica y que reivindican la existencia; que no es los mismo hacer para sentirse bien que para ser feliz; que los aplausos ajenos son de colección, trofeos del ego; que con el alter hacemos collage pero no siempre es un juego; que el cuerpo es una brújula y el amor el norte; que la vida son los sentidos.
Ahora ella sabe, porque lo encontró, que hay un hombre que es un ángel. Un hombre de humor feliz y risas contagiosas, que regala globos de elio para volar alto, que es un prendedor para llevar en su corazón y mantenerla viva, despierta.
Hay un hombre que es un ángel. Hay un ángel que toma café y hace el amor. Hay un ángel que es de ella y ella del ángel. Ella y el ángel.
Ella estaba en un callejón, venía de un callejón y ahora sale de un callejón. Mientras la respiración siga siendo ese acto automático de la vitalidad mundana, no hay razones para arrepentirse. Ahora ella sube a otro tren y él, su ángel, es el chofer.
Ella ahora viene de un callejón. Hace unos pocos días se separó, se acostó con su amante una vez más y decidió subirse a un tren sin dirección. Los vagones son a blanco y negro, los pasajeros sombras y el cielo sepia. Postal de un callejón. Resultados de un callejón.
Ella se sienta. El ángel con ella, su ángel se sienta a su lado. Era un viernes a las cuatro y media de la tarde, parecía un lunes a la madrugada. Él simplemente comienza a hablar. Parece un ángel, lo es: su cuerpo, su piel, el color de sus ojos, la mirada. Ella solamente lo escucha, apenas si puede contener las lágrimas. A ella todo le duele, está triste, ahora los médicos le llaman depresión. Bajan en algún lugar, donde los deja el tren. La invita a tomar un café, se sientan en un bar y él es real. Tiene un hijo, un matrimonio en quiebra y la vida al revés. Se quedan en el mismo lugar, donde los dejó el tren. Ahí estarán por un tiempo.
Él pasa a buscarla, y los días pasan también. La recoge en una esquina, evitan denuncias, evitan dejar rastros. Solamente son dos almas buscando afecto. Ella sube al auto y él lo estaciona en la cochera de una habitación. Alquiler de camas. Son dos cuerpos buscando placer. Ella no sabe que con un ángel también puede hacerse el amor. Él es real.
Hay un ángel y ahora ella entiende que las relaciones duelen menos cuando se las piensa poco; que la felicidad es un estado interno de serenidad que se alcanza cuando se conoce el rumbo, que el rumbo no es el camino, que el rumbo es el horizonte que se aleja; que las cosas tienen un sentido y que duran mientas lo tengan; que la música es para dar concierto; que por hijo todo justifica y que reivindican la existencia; que no es los mismo hacer para sentirse bien que para ser feliz; que los aplausos ajenos son de colección, trofeos del ego; que con el alter hacemos collage pero no siempre es un juego; que el cuerpo es una brújula y el amor el norte; que la vida son los sentidos.
Ahora ella sabe, porque lo encontró, que hay un hombre que es un ángel. Un hombre de humor feliz y risas contagiosas, que regala globos de elio para volar alto, que es un prendedor para llevar en su corazón y mantenerla viva, despierta.
Hay un hombre que es un ángel. Hay un ángel que toma café y hace el amor. Hay un ángel que es de ella y ella del ángel. Ella y el ángel.
Ella estaba en un callejón, venía de un callejón y ahora sale de un callejón. Mientras la respiración siga siendo ese acto automático de la vitalidad mundana, no hay razones para arrepentirse. Ahora ella sube a otro tren y él, su ángel, es el chofer.
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